Les races aryennes du Pérou
Sin el apoyo que me ha prestado mi amigo el General Urquiza, yo no habrîa logradovencer lus grandes inconvenieates que me ofrecia la pubHcacion de un libro du este género.
No bien me pusé en la tarea de escribirlo, cuando comprend! que à pesar de mi entusiasmo por el asunto debia renunciar à la espcranza de hacerlo imprimir bajo rais ojos. Se necesitaba una împrcnta de carâcleres peculiares , raanejada por directores y cajist,as aeoslumbrados u las combinaciones ortogràDcas, no solo de la lenguaquicbua, sinode la lengua sanscriLicay de lalengua grlega, cosa imposible de esperar en la America del Sur aates demuchos y muchos anos.
Era preciso pues decidirme à ir à Europa con este solo objeto, û enviar mi manuscrito. Lo primero me era imposible; lo segundo me haeia temer desagradables decepeioncs.
Traté de obviar eslos séries inconvenienles redac-
tando una ligera memoria sobre el asunto^ que traducida por un amigo condescendiente fué enviada à Paris , con el objeto de poner en discusion la tésis que yo formulaba con mis estûdios americanos.
Pero puesta en manos de algunos sàbios que tuvieron la bondad de escribirme sobre la materia, resultô que el trabajo era en efecto lijero para el asunto, y que los materiales estaban mal elegidos. Con el deseo de salvar inconvenientes, yo babia cortado toda la parte gramatical, y disminuido mucho las proporciones histôricas de mis manuscritos.
Despues de esto no mequedabaotrorecurso parallevar adelante mi empeno, qaeel de bacer venir à mi lado alguna persona capaz de iniciarseen mis estûdios y en todos los secretos de mi asunto, para que regresando con mi manuscrite, pudiese encargarse de suimpresion y correccion. Fàcil es comprender las sérias diflcultades que esto mismo me ofrecia. Fué entonces que los amigos me proporcionaron los medios de conseguirlo. El General Urquiza patrocinando un libro de que otros le liabian hablado, y predispueto siempre para todo aquello que honra ô que puede honrar al pais, acudiô en el acto i cooperar con parte de los gastos que yo debia imponerme para conseguir mi anhelo ; al mismo tiempo que otro amigo en Paris, el S**' Charles Fauvety, escritor distinguido y bombre de una reputacion purisima, ayudado del S""' Egger, uno de los sabios mas respetados de nuestra época, conseguian que el jéven egiptù-
logo y orientalista M' Gaston Maspero, destinado sin dudaà teoer un oombre ea la literatura cieaUQoa* viniese à Montevideo à ponerse de acuerdo conmigo para la traduccion é impresion de mis trabajos.
Fàcil es comprender que desde entonces mas ventajoso me era publicar mi libro en francés que en espanol. Las imprentas francesas y los correotores especiales que ellas tienen, estan acostumbrados â estaclase de obras en donde entran por gran parte los caractères exôticos de las lenguas asiàticas; ventaja muy atendible que no se ofrece en las imprentas espanolas, agenas hasta abora à esta clase de trabajos. El idioma frances es ademas el vehiculo masgeneralmente conocido en elmundo para los trabajos cientificos^ y en nuestro mismo pais es entendido por todos cuantos habrian podido estudiar mi libro en espanol ; puesto que de todos modos necesitaba del S""' Maspero para inspeccionar la impresion ^ mejor era poner tambien a su cargo la traduccion, para que la desempenase bajo mis ojos , con tanta mayor razon cuanto que yo babia redactado en frances una gran parte de mis manuscrites con la idea de enviarlos à Paris para «u corr^mon^ evitàndome la diQcultad de buscar y encontrar un traductor que al conocimiento del castellano uniese las aptitudes necesarias requeridas por el asunto.
Por otra parte, no creo enganarme si aseguro que basta abora soy la ùnica persona en el Rio de la Plata que se baya ocupado de estudios gramaticales y filolô-