‹ Études sur l'Espagne (volume 2)Chapitre 188 sur 190 · I. Bab-el-Oued · texte numérisé non relu

I. Bab-el-Oued

rado junto al mar y en poca extension, tal vez huvieramos hecho algo de bueno, saviendonos dirigir y haciendo la marina por nosotros lo que es capaz de hacer. Poresta parte no ay las dificultades que por las otras en quanto à bosques, etc. Es verdad que es mas dificil el desembarco, pero todo lo allanan las naves. Buelbo a decir que bien y mas que bien atrincherados y sabiendo diri^ir desde el retrincheramientolos ramales contra la plaza, prote^^idos de las naves, no me causaria novedad que los 18 mil triunfasen de la turba, como Gesar en Alexia, pero insiste en que, desembarcando en otro parage, la cosa era mas que dificil y nuestras fuerzas por lo comun desproporcionadas. No quiero decir tan poco que sea prudente el que quiera con 18 mil hombres conquistar â Arg-el. Desembarcando en Babaloet, solo digo que no me admiraria, esto es que puede verificarse esta conquista.

171. Dicen algunos que es locura llevar excercito contra Argel, creiendo ynconquistable esta plaza, y que el medio mas se<:^uro de acaloar con estos piratas, es mantener a su vista envarcaciones de guerra que aprèsen las arg-elinas que quieran salir o entrar en el puerto, quitandoles de este modo el comercio actibo y las fuerzas maritimas, consip^uiendose tambien que nadie fuese marinero y extinguirles este ofîcio. Lo que yo al pronto entiendo en este asunto es que no es tan facil mantener una esquadra con este destino, teniendo précision la nionarquia de atender a otras necesidades que pueden ocurrir, y tambien porque perderiamos sin duda muchas naves en la costa, que es braba y la maior parte del afio arriesgada por los vientos y temporales que reynan en ella, no teniendo donde abrigarnos. El comercio de los Moros es de sus frutos que, aunque ellos no los sacasen fuera, se los sacarian suspotencias aliadas, y siempre serian ricos teniendo frutos que vender y quien por ellos les llevase todo lo que les pudiese faltar, que no es mucho siendo tan sobrios. Es ciertoquesi la esquadra durase siempre, no habria marineros ni fuerzas navales,

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pero habria mas cultibadores de las tierrasy las artes, de que les resultarian otras ventajas y a nosotros la unica de hacer el comercio con sosiep^o.

17*2. En quanto a suponer que Argel es inconquistable, se eng:anan. El exercito o las fuerzas de los Ar<;elinos se save lo que son, pues 608 mil Turcos la dominan. Las de los beyes que pueden ser sus aiiados, aunque quasi siempre son sus cncmigos, lampoco sonmuchas, pues no pueden dominar â los Ar^elinos con quienes tienen fréquentes guerras y a quienes como a mas poderosos pagan Iributos. La plaza por si no tiene por tierra defensas que lleguen a ser medianas ; las murallas son antiquisimas, sin mas terraplenos que en algunos torreones. No ay baluarte alguno ni flanco de ninguna especie que sea de una magnitud regular ; no ay caminocuvierto nimasque una seùal del foso antiguo del tiempo de las murallas. El castillo del Emperador que domina la ciudad es un quadradito con quatro torreones redondos en los quatro angulos. Greo que tiene foso y acaso camino cuvierto, pero de todos modos es una vicoca. Los otros castillos de Babaloet, Babasan*, etc. son menores y de menos resistencia ; son realmente unas baterias. Verdad es que la parte que mira la mar esta sumamente fortificada, pero esto no la hace ynconquistable ni le aprobecharân estas defensas si se le ataca por tierra. La principal defensa de la plaza no esta en sus murallas ni en el numéro y valor de sus defensores ni su destreza ; esta en sus contornos. Estos son montanosos, quebrados, llenos de arboles, margenes y cercas, de modo que por lo menos légua y média o dos de la plaza se puede decir que es todo trincheras que forzar, barrancos que pasar y enbarazos que vencer, donde el mejor gênerai perderâ mucha gente. Esto es menester atender para proporcionar nuestro exercito â la empresa, porque si solo atendemos â las

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fuerzas actibas de los enemigos, quedaremos siempre enganados. En Babaloet no ay estas difîcultades.

173. Estos embarazos que ofrece el terrenoal conquistador para que no pueda su exercito llegar a la plaza, tampoco la hacen ynconquistable : lo 1°, porque estos se pueden vencer con la advertencia, constancia y precaucion, y, lo 2°, porque los mismos obstaculos ay para que la cavalleria enemiga haga el dano que es capaz de hacer, siendo la parte mas escogida de su exercito y que en todos tiempos ha tenido grandes creditos.

(Bibliothèque de l'UniTersité ; Ms. 1311, pp. 102 à 126.)

P. 23. « La princesse Léopoldine de Lorraine, notre tante maternelle. » Tante à la mode de Bretagne, la princesse Léopoldine étant la nièce de Françoise de Koquelaure, grand'mère maternelle de Don Gârlos et de Doua Escolâstica.

P. 25 et p. 33. « Squillace ». Cet Italien finit sa carrière comme ambassadeur d'Espagne à Venise. D. José de Viera l'y visita en 1780: « Hicimos alto en Mira (près Venise), sitio donde el embajador de Espafta, marques de Squilace, ténia su casa de campo. El mismo salio con su muger y el secretario de la embajada don Isidro Martinez à recibirnos, y yo vi por la primera vez â aquel viejo carcomido, de cortos alcances y frivola conversacion, por quien se amotinô Madrid, y se habia puesto en movimiento casi todo el reino » [Viaje à Italia, p. 198).

P. 34 et p. 47. « Le comte Gazola. » C'est Gazzola qui est la forme correcte du nom de ce personnage. « Le Roi admet dans sa confidence son lieutenant général de l'artillerie, le comte Gazzola, seigneur italien très instruit de différentes branches de littérature, grand ingénieur, qui cultiva les beaux arts et a le premier découvert les ruines de Poestum, qu'il a visitées en personne du tems qu'il habitoit Naples ; il les a fait dessiner par Sabatini et graver à ses dépens par Bartolozzi » (Joseph Baretti, Voyage de Londres à Gênes,

Amsterdam, 1777, t. III, p. 74,) Il mourut à Madrid, le 4 mai 1780, à l'âge de quatre-vingt-un ans et demi. Voir la Gazeta du 23 mai qui le nomme : « Don Feliz Gazola, comte de Esparavara, Geretro-Landi y Macineso » .

P. 67. « Le doyen Colon. » D. Pedro Isidro Colon de Larreategui y Angulo, né à Madrid, le 13 mai 1695, mort à Madrid, le 14 février 1770 : un descendant de Christophe Colomb, qui fut, en 1769, gouverneur intérimaire du Conseil de Gastille. Charles III lui conféra le titre de comte de Torre Arias qui passa à sa fille, D^ Maria Francisca Colon, mariée à D. Pedro Matias Golfin y Carvajal. C'est au fils de ce magistrat, D. Mariano Colon, que fut, après un long procès, restitué le titre de duc de Veraguas que possédaient depuis longtemps les Colon-Portugal-Stuart (Alvarez y Baena, Hijos de Madrid, Madrid, 1791, t. IV, p. 255, et J. Rezabal y Ugarte, Bihlioteca de los escritores de los seis colegios mayores, Madrid, 1805, p. 82).

P. 72 « parti de Madrid pour Espetaperro ». Lire: « parti de Madrid en tapinois ».

P. 75. « Le comte Vincenti. » Le comte Hippolyte Vincenti, alors auditeur delà nonciature à Madrid et plus tard archevêque de Corinthe et nonce en Espagne. Viera le rencontra à Rome en 1780 (Viaje a Italia, p. 58).

P. 91 et p. 92. (( Le fameux Olavide ». D'après D. Marceline Menéndez Pelayo (Historia de los heterodoxos espanoles, t. III, p. 208), Olavide aurait eu une fille, appelée D^ Engracia, qui mourut avant 1778; et, en effet, dans la lettre de Fernan Nunez (citée ci-dessus p. 92, note 1), il semble que la « Gracia Olavide » désigne la fille plutôt que la maîtresse de l'aventurier péruvien : Olavide, qui avait épousé, en 1755, Isabel de Los Rios, pouvait, en décembre 1768, avoir une fille déjà mariée. Resterait à expliquer comment la fille et la maîtresse d'Olavide portaient le même nom. Etait-ce une fille naturelle ? En tout cas, le curieux renseignement donné

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par le baron deGleichen subsiste el doit être exact. Pour ce qui concerne les relations de Fernan Nunez avec Olavidc, il convient de noter que celui-ci donna à deux villages créés aux alentours de La Carolina les noms d'Kscolastica et de Los liios. u Cette ville (La Carolina) est charmante », dit un voyageur français, « bien bâtie et située sur une éminence dont les alentours, à plus de cinq lieues, offrent l'aspect le plus agréable. Du haut des coteaux on découvre une foule d'habitations dont chacune forme un héritage et est l'asile d'une famille industrieuse ; en outre il y a cinq bourgs qui sont Scholaslica, Los Rios, Carboneros, Arellano et Guaramon (lire Guarroman) ». (Voyage en Espagne à la suite de S. A. Royale M^^ le comte cr Artois, par Alexandre Ballet, vallct de chambre de M. le comte de Vaudreuil, dans la Revue rétrospective, 3*^ série, t. II, p. 5i). A la rigueur, Los Rios pourrait faire allusion à la femme d'Olavide, D'' Isabel de Los Rios (était-elle parente à un degré quelconque des Gutierrez de Los Rios?), mais Escolastica désigne sûrement la sœur de Don Carlos.

P. 92, note 1. Au lieu à^aputado, lire très probablement apretado.

P. 127. « Don José ». C'est bien de ce fils des Infantado qu'il est ici question. Don José mourut à Madrid le 8 mars 1775 et fut enterré à San Andres. L'épitaphe de son tombeau est ainsi conçue : « Aqui yace depositado el S"" D" Joseph de Toledo y Salm Salm, hijo 3° del Excmo S' D" Pedro Alcantara de Toledo y Silba y de la Excma S" Princesa Dona Mariana de Salm Salm, duodécimos Duques del Infantado. Falleciô en esta villa el dia 8 de marzo de 1775, de edad de 5 anos, 5 meses y 18 dias. » (Communication de D. Mariano Murillo). Voy. aussi Antonio Ponz, Viage en Espana, 2" éd., t.V, p. 101.

P. 205. Au lieu des mots : « Peut-être pour ces deux raisons ne soufTrent-ils point de la goutte», lire: « Peutêtre pour ces deux raisons souffrent-ils de la goutte. »

P. 213. « L'escadre espagnole mouillait en vue

d'Alger le 1*' juillet 1775. » Une partie de l'escadre arriva déjà le 30 juin.

P. 222, note 2. Aux sources énumérées ici, il faut ajouter le récit du major Dalrymple, qui, se trouvant à Cadix au mois de septembre 1775, recueillit de la bouche même de plusieurs officiers ayant pris part à l'expédition des détails qui ont leur valeur (Voyage en Espagne et en Portugal dans l'année de 1774, avec une relation de l'expédition des Espagnols contre les Algériens en 1775, Paris, 1783).

P. 267. « La Chevrette ». Il est ici question, non pas de la Chevrette de M™* d'Épinay, abandonnée depuis longtemps par l'amie de Rousseau, de Grimm et de Galiani, mais de la Chevrette du duc de l'Infantado (voy. ci-dessus, p. 381), qui était, ou l'ancienne propriété de M. d'Epinay achetée par le duc espagnol au marquis ruiné, ou une autre propriété située au lieu de la Chevrette (Seine-et-Oise, arr* de Pontoise, cant. de Montmorency, écart de la commune de DeuiJ).

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