CHAPITRE DU BULL ISTE
(Fol. 40 v°)... Mas, con ver despues la risa y burla que mi amoyel alguazil llevavan y hazian del négocie, conosci como avia sido industriado por el induslrioso y inventivo de mi amo.
Acaescionos en otro lugar, el quai no quiero nombrar por su honrra, lo siguiente, y lue que mi amo predico dos o très sermones y do {sic) a Dios la Bulla tomavan. Visto porelastuto de mi amo lo que passava y que, aunque dezia se fîavan por un ano, no aprovechava, y que eslavan tan rebeldes en tomarla y que su trabajo era perdido, hizo tocar las campanas para despedirse, y, hecho su sermon y despedido, desde al pulpito, ya que se queria abaxar, llamo al escrivano y a mi que yva cargado con una[s] alforjas e hizo nos llegar al primer escalon, y tomo al alguazil las que en las manos llevava y las que no ténia, en las alforjas, pusolas junto a sus pies, y tornose a poner en el pulpito con cara alegre y arrojar desde alli de diez en diez y de veynte en veynte de sus bullas hazia todas partes, diziendo : « Hermanos mios, tomad, tomad de las gracias que Dios os embia hasta vuestras casas y no os duela, pues es obra tan pia la redempcion de los captivos christianos que estan en tierra de Moros, porque no renieguen nuestra sancta fe y vayan a las penas del infierno ; siquiera ayudaldes con vuestra limosna y con cinco Pater nostres y cinco Ave marias para que salgan de cautiverio. Y aun tambien aprovechan para los padres y hermanos y deudos que teneys en el purgatorio, como lo vereys en esta sancta Bulla. »
Como el pueblo las vio ansi arrojar como cosa que se dava de balde v ser venida de la mano de Dios,
tomavan a mas tomar, aun para los ninos de la cuna y para todos sus defunctos, contando desde los hijos hasta el menor criado que tenian, contandolos por los dedos.
Bimonos en tanta priessa que a mi aynas me acabaran de romper un pobre y viejo sayo que traya ; de manera que certifico a V. M. que, en poco mas de un hora, no quedo huila en las alforjas, y fue necessario yr a la posada por mas.
Acabados de tomar todos, dixo mi amo desde el pulpito a su escrivano y al delconcejo que selevantassen, V, para que se supiesse quien eran los que avian de gozar de la sancta indulgencia y perdones de la sancta bulla y para que el diesse buena cuenta a quien le havia embiado, se escriviessen. Y assi luego todos de muy buena voluntad dezian las que avian tomado, contando por orden los hijos ecriados e defunctos. Hecho su inventario, pidio a los alcaldes que por charidad, porque el ténia que hazer en otra parte, mandassen al escrivano le diesse autoridad del inventario y memoria de las que alli quedavan, que, segun dezia el escrivano, eran mas de dos mil.
Hecho esto, el se despidio con mucha paz y amor, y ansi nos partimos deste lugar. Y aun, antes que nos partiessemos, fue preguntado el por el teniente cura del lugar y por los rregidores si la bulla aprovechava para las criaturas que estavan en el vientre de sus madrés. A lo quai respondio que, segun las letras que el avia estudiado, que no, que lo(s) fuessen a preguntar a los doctores mas antiguos que el, e que esto era lo que sentia en este negocio.
E ansi nos partimos, yendo todos muy alegres del buen negocio. Dezia mi amo al alguazil y escrivano : « Que os paresce como a [.sic) estos villanos que con solo dezir : chvisiianos viejos somos, sin hazer obras de charidad se piensan salvar, sin poncr nada de su
hazienda? Pues, por vida del licenciado Paschasio Gomez, que a su costa se saquen mas de diez cautivos ! »
Y ansi nos fuymos hasta otro lugar de aquel cabo de Toledo, hazia la Mancha, que se dize {sic), adortde topamos otros mas obstinados en tomar buUas.
Hechas mi amo y los demas que yvamos nuestras diligencias, en dos fiestas que alli estuvimos no se avian echado treynta buUas. Visto por mi amo la gran perdicion y la mucha costa que traya, (y) el ardideza que el sotil de mi amo tuvo para hazer despender sus bullas fue que este dia dixo la missa major, y, despues de acabado el sermon y buelto al altar, tomo una cruz que traya de poco mas de un palmo y (en) un brasero de lumbre que encima del altar avia, el quai avian traydo para calentarse las manos, porque bazia gran frio. Pusole detras del missal, sin que nadie mirasse en ello, y, alli, sin dezir nada, puso la cruz encima la lumbre, y, ya que uvo acabada la missa y echada la bendicion, tomola con un panizuelo, vien embuelta la cruz en la mano derecha, y en la otra la Bulla, y ansi se baxo hasta la postrera grada del altar, adonde hizo que besava la cruz e hizo senal que viniessen adorar la cruz. Y ansi vinieron los alcaldes los primeros y los mas ancianos del lugar, viniendo uno a uno, como se usa.
Y el primero que llego, que era un alcalde viejo, aunque el le dio a besar la cruz bien delicadamente, se abraso los rostros e se quito presto afuera. Lo quai visto por mi amo, le dixo : « Passo, quedo, senor alcalde, milagro ! » Y ansi hizieron otros siete o ocho, y a todos les dezia : « Passo, seiïores, milagro ! »
Quando el vido que los rostriquemados bastavan para testigos del milagro, no la quiso dar mas a besar. Subiose al pie del altar, y de alli dezia cosas maravi- Hosas, diziendo que, por la poca charidad que avia en ellos, avia Dios permitido aquel milagro, y que aquella
cruz avia de ser llevada a la sancta yglesia mayor de su obispado, que, por la poca charidad que en el pueblo avia, la cruz ardia.
Fue tanta la prissa que uvo en el tomar de la Bulla que no bastavan dos escrivanos ni los clerigos ni sacrislanes a escrivir. Greo de cierto que se tomaron mas de très mil bullas, como tengo dicho a V. M.
Despues, al partir, el fue con gran revèrencia, como es razon, a tomar la sancta cruz, diziendo que la avia de liazer engastonar en oro. Como era razon, fue rogado mucho del concejoy clerigos del lugar les dexasse alli aquella sancta cruz por memoria del milagro alli acaescido. El en ninguna manera lo queria hazer, y, al fin, rogado de tantos, se la dexo. Con que le dieron otra cruz vieja que tenian antigua de plata, que podra pesar dos o très libras, segun dezian ; y ansi nos partimos alegres con el buen trueque y con aver negociado bien en todo.
No vio nadie lo susodicho sino yo, porque me subia par del altar para ver si avia quedado algo en las ampoUas para ponello en cobro, como otras vezes yo lo ténia de costumbre. Y como alli me vio, pusose el dedo en la boca, haziendome senal que callasse. Yo ansi lo hize, porque me cumplia, aunque, despues que vi el milagro, no cabia en mi por echallo fuera, sino que el temor de mi astutô amo no me lo dexava comunicar con nadie ni nunca de mi salio, porque me tomo juramento que no descubriesse el milagro, y ansi lo hize hasta agora. Y, aunque mochacho, cayome mucho en gracia e dixe entre mi : k Quantas dcstas deven de hazer estos burladores entre la innocente gente. »
Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de quatromeses, en los quales passe tambien hartasfatigas, aunque me dava bien de corner, a costa de los curas y otros clerigos, do yva a predicar.
Nous avons suivi dans le texte l'opinion aujourd'hui reçue touchant l'arrestation de Diego de Mendoza et son internement à Grenade ; mais, après avoir examiné à nouveau les quelques documents sur lesquels repose cette opinion, nous croyons être certain quon a confondu notre Mendoza avec un homonyme et que tout ce qui a été conté de l'incident du palais ne concerne nullement Don Diego de Mendoza-Mondéjar, comme nous nommerons dans cette note, pour plus de clarté, l'ambassadeur de Charles Quint.
Rappelons d'abord que ce dernier, sous le règne de Philippe II, mais nous ne savons pas exactement en quelle année, fut en efïet arrêté et poursuivi au sujet d'irrégularités commises dans la comptabilité des fortifications de Sienne et de son ambassade de Rome. C'est ce que nous a appris D. Tomas Gonzalez, archiviste de Simancas : « D. Diego Hurtado de Mendoza, « uno de los mayores hombres de estado del tiempo de a Carlos V, a quien Felipe II arrestô y ejecuto por las « cuentas de las obras del castillo de Siena que hizo de « ôrden del emperador, siendo gobernador de aquel (( estado y ciudad, y por las de la embajada de Roma « que desempenaba al mismo tiempo, cuyo proceso « original esta en el archivo. » (Martin Fernandez de Navarrete, Vida de Cervantes, Madrid, 1819, p. 441). Ce grave incident dut émouvoir les contemporains, mais il ne semble pas que les historiens du règne en aient parlé. En revanche, Cervantes y fait incontestablement allusion dans son élégie sur Mcliso (pseu-
donyme de Mendoza) qui se trouve au livre VI de la Galatea :
Despues que en el aprisco veneciano Las causas y demandas decidiste Del gran pastor del ancho suelo hispano ;
Despues tambien que co?i vaior sufriste El trance de fortuna acolerado Que d Italia hizo y aun a Espana triste.
Après le procès, Mendoza fut exilé à Grenade où, comme dit toujours Cervantes, il ne s'occupa plus que d'études littéraires et historiques :
Y despues que en sosiego reposado Con las nuevc doncellas solamente Tanto tiempo estuvisle retirado.
Son arrivée à Grenade doit remonter à Tannée 1568 ou 1569, puisqu'il nous affirme dans son histoire qu'il fut témoin oculaire d'une partie des péripéties de la campagne contre les Morisques, et la durée de son séjour forcé dans cette résidence s'est prolongée jusqu'aux derniers temps de sa vie, puisque la lettre adressée par lui à Zurita, pour apprendre à Ihistorien aragonais qu'il s'apprêtait à rejoindre la cour, est datée de Grenade le 14 juin 1574, un an juste avant sa mort. Cette lettre, très importante pour la biographie de Mendoza, contient un passage (déjà cité ci-dessus, p. 150), d'où il appert qu'en 1574 Mendoza était encore exilé et qu'il l'était précisément pour l'affaire des comptes d'Italie : <( Aunque andava muy « de partida para acercarme à essa corte, todavia me « daré mas prissa con la occasion de aver sido servido « Su Magestad de darnie licencia que entre en ella a « tratar de las quentas de Italia. » Ainsi il est inutile de cherchera la disgrâce du célèbre homme d'Etat une
cause autre que celle de ce malheureux procès concernant sa gestion financière en Italie.
Voyons maintenant ce qu'on a allégué pour donner à entendre que le motif de l'exil de Diego de Mendoza- Mondéjar fut, au contraire, une rixe avec un gentilhomme dans le palais même du roi.
1° Un mémoire, dont n'existent que des copies, adressé au président de Gastille cardinal Espinosa, par un Diego de Mendoza, qui se plaint de ce qu'on l'a arrêté lui, âgé de soixante-quatre ans, « pour avoir lancé un poignard dans les corridors du palais », alors qu'il se trouvait en état de légitime défense [sin poderlo escusar). Ce mémoire a été cité par Ignacio Lopez de Ayala (éd. de la Guerra. de Granada, Valence, 1776, p. xLviii), d'après une copie trouvée à !a bibliothèque royale de Madrid parmi les papiers d'Alvar Gomez de Castro. Les traducteurs espagnols de Ticknor (voy. Ticknor-Julius, t. II, p. 756) et D. Cayetano Rosell [Historladores de sucesos pavlicalares, t. I, p. xxvi) en ont publié le texte complet d'après un manuscrit de la même bibliothèque dont ils n'indiquent pas la cote. Rien dans ce mémoire qui se compose surtout d'une énumération de précédents, c'est-à-dire de rixes entre gentilshommes dans l'intérieur du palais, ne désigne formellement notre Diego de Mendoza, à l'exclusion de tout autre personnage du même nom. A remarquer aussi que le mémoire publié par les traducteurs de Ticknor et par Rosell porte la date du 20 septembre 1579. Or, en 1579, Mendoza était mort depuis quatre ans ; mais il est évident, comme le prouvent d'autres documents dont nous allons parler, qu'il faut lire ici 15(59.
2" Une pièce de vers insérée dans les œuvres de Mendoza, depuis l'édition de 1610, et qui porte ce titre: « Estando preso por una pendencia que tuvo en Palacio » (voy. l'éd. Knapp, p. 395). Le titre seul est
explicite, la pièce elle-même ne fait aucune allusion à la querelle en question; il est donc parfaitement permis de croire que ce titre a été ajouté après coup. On sait d'ailleurs que les recueils de poésies de Mendoza qui ont servi aux éditeurs de ce poète contiennent un certain nombre de pièces apocryphes.
3° Divers documents produits par D. Eloy Senan y Alonso dans son écrit intitulé : D. Diego Hartado de Mendoza. Apuntes hiogràfîco-crlticos, Jerez, 1886. Cet auteur admet comme démontré que le mémoire au cardinal Espinosa émane de notre D. Dieg'o, puis il fait connaître trois pièces tirées des archives de l'Alhambra. I. Ordre de Philippe II du 27 janvier 1569 notifiant au gardien de la forteresse de Médina del Campo d'avoir à élargir D. Diego Hurtado de Mendoza, détenu dans la forteresse pour s'être battu avec D. Diego de Leiva dans le palais royal, lequel D. Diego Hurtado de Mendoza va servir le roi sur la frontière de Grenade. — II. Procès-verbal de l'élargissement de D. Diego Hurtado de Mendoza, dressé dans la forteresse de Médina del Campo, le 27 février 1569. — III. Procès-verbal de la présentation par ledit D. Diego Hurtado de Mendoza au marquis de Mondéjar, gouverneur de Grenade, de l'ordre qui lui enjoint de servir le roi sur la frontière de Grenade, avec son cheval et ses armes (Grenade, 17 avril 1569)) — Ces pièces ne paraissent pas pouvoir se rapporter à Diego de Mendoza-Mondéjar pour deux raisons. D'abord parce qu'il est invraisemblable qu'un homme d'église de soixante-six ans (notre Diego avait cet âge en 1569), de la situation sociale de l'ancien ambassadeur à Venise, à Rome et à Trente, ait pu être condamné à une peine que le roi infligeait à de jeunes gentilshommes, tout au plus à des hommes d'épée d'âge mûr, mais jamais à des vieillards de cette condition ; en second lieu, parce que le nom de D. Diego
Hurtado de Mendoza, sans autre qualification, ne saurait désigner qu'un personnage d'importance secondaire, par exemple quelque officier ou chambellan. S'il s'était agi de notre Mendoza, les documents contiendraient des mentions de titres et qualités, particulièrement celle-ci: tio del marqués de Mondéjar, pour distinguer ce Mendoza de grande maison des innombrables Mendoza d'alors. Les documents publiés par M. Seiïan y Alonso ont ceci d'intéressant qu'ils nous révèlent le nom de l'adversaire du Mendoza arrêté en 1569 : D. Diego de Leiva. Ce Leiva était un fils naturel du fameux Antonio de Leiva et de Beatriz Galerana Rabia, dame milanaise, et voici en quels termes l'historien de la maison de Leiva, Pedro Varron, rapporte l'incident : « Estando preso el principe Don « Carlos, metié mano â la espada [Don Diego de Leiva] u contra Don Diego de Mendoza en la sala de palacio, « y el prudente rey Don Felipe II saliô de su aposento « con el duque de Alva, pensando que le sacavan al « Principe ; por lo quai Don Diego se retiré â Alemania « donde estuvo muchos aiïos y fue camarero mayor de c< Maximiliano II. » [Compendio de la casa, de Leyva, Naples, 1655, p. 80). Pedro Varron non plus ne désigne pas ce Mendoza d'une façon qui permette de croire qu'il a entendu parler du Mendoza-Mondéjar.
En résumé, nous croyons que le Mendoza qui eut une altercation avec Diego de Leiva en plein palais royal, en 1569, n'a rien de commun avec l'ambassadeur de Charles-Quint. La similitude des noms a causé une première confusion. Puis est venu quelqu'un, qui, dans le mémoire au cardinal Espinosa, a introduit la phrase porque de sesenta y cualro aiTos (làge approximatif de notre Mendoza en 1569), pensant faire passer la pièce comme véritablement composée par ce dernier, sans réfléchir qu'il vieillissait ainsi, contre toute vraisemblance, l'adversaire de Diego de Leiva. Un autre
amateur, qui connaissait l'histoire de la rixe et trouva quelque part dans les poésies attribuées à Mendozâ- Mondéjar une pièce écrite par un prisonnier, eut l'idée de lui donner le titre que nous avons cité. Et de cette façon, la légende, fondée sur une confusion d'abord involontaire puis voulue des deux Mendoza, s'est accréditée de plus en plus et est devenue monnaie courante. Il était temps de montrer quelles invraisemblances elle suppose et combien il est plus logique d'attribuer uniquement l'exil de Mendoza-Mondéjar à Grenade aux suites de son procès à propos des affaires d'Italie.
Ajoutons encore que l'épître en vers de D. Diego de Leiva et la réponse d'un Diego de Mendoza qui figurent dans les œuvres de Mendoza l'ambassadeur, publiées par M. Knapp, et dont M. Seîîan y Alonso a voulu tirer un argument en faveur de sa thèse, ne prouvent rien. Ces pièces émanent probablement, en effet, des deux gentilshommes qui se sont battus en 1569, et c'est encore la similitude des noms qui a incité l'éditeur américain à les insérer parmi les œuvres authentiques de l'ambassadeur. Il reste à faire un travail critique considérablepourépurerl'éditionde M. Knapp, qui a admis trop de pièces douteuses ou même manifestement étrangères à l'auteur grenadin.