Fernan Caballero
Plumas mejor cortadas que la nuestra debian dedicarse à escribir noticias exactas de la vida y muerte de la distinguida literata que bajo el pseudunimo de Fernan- Caballero, alcanzô tantos dias de gloria y tantos triunfos en la repüblica de las letras.
Pieu es verdad que el escritor en Espaila nunca encuentra la recompensa de su trabajo; literato quiere decir tanto como pobre; si fuese un negocio de comercio muclios se liubiesen disputado la honra de emprender seinejantes trabajos.
La prensa en general lia rendido tributo al eminente Fernan Caballero; pero tenemos una queja, queja amistosa y de puro compaflerismo.
Los literatos de Madrid, de Andalucia y del resto de Espafia no ban hecho à la memoria de la célébré novelista todo el esfuerzo y trabajo que ella se merecia.
Entusiastas como somos de la Literatura, nos parece
siempre poeo lo que se hace en honor de esos séres privilegiados que se consagran al estudio y raueren sin poseer grandes riquezas.
Nuestras frases creemos que à nadie ofenderân, pues siempre nuestra intencion es pura y recta, y siempre estamos dispuestos â retirai 1 cualquier palabra que à al- , guien pueda molestar, pues nada es mâs ageno â nuestra voluntad que disgustar; siempre nos gusta màs agradar: en lo que nunca podremos transigir es en lo malo y en lo injusto.
Sabemos perfectamente que todos los literatos en Espaïla, con muy pocas escepeiones, somos pobres, pero que / tambien sabemos despreciar el oro; nuestro tesoro consiste en las glorias de la literatura y en liacer bien d la humanidad entera.
Todos tenemos una obligacion en rendir el ùltimo liomenaje al literato que muere y eumple como justo y bueno--
iQuién puede negar que Fernan Caballero eumpliô su mision de escritor de una mariera buena y acertada?
iPor que nosotros hemos emprendido la drdua empresa de escribir noticias exactas de! malogrado escritor? Porque nadie lo lia hecho, porque observâmes alguna apatia. En esto consiste la queja que tenemos con nuestros respetables companeros en la prensa.
Otros lo hubieran hecho mejor que nosotros, y ahora les suplicamos humildemente que, recogiendo los modestos apuntes histôricos que damos â luz, se escriba una biografia que correspondu â Fernan-Gaballero.
No podemos esplicarnos por qué no se lia llevado d cabo la ereccion del monuinento dedicado â la eminente escritora.
Dinero sobra; ^qué es lo que falta? Decision y buena voluntad.
Declaremos guerra à la apatla, y â tambor batiente y bandera desplegada corramos à erigir el monumento cuanto ântes â la sin par Cecilia; se trata de una seüora, y debemos ser màs galantes.
Los literatos que no profesen las mismas ideas filosôficas de Fernan Caballero, creo que tambien nos ayudarân, porque si no estân conformes con el fondo de su doctrina, admirarân siempre las bellezas literarias de- sus producciones.
Unàmonos todos para rendir el ùltimo tributo â Fernan Caballero.
iCuântos filôsofos protestantes y escépticos han admirado las obras de Santa Teresa de Jésus?
Nosotros, lo confesamos, tenemos orgullo en admirar las bellezas literarias y el fondo de doctrina que encierran las obras de Cecilia.
Admitimos sus formas y su fondo, no sentimos màs que una eosa, y es que nuestro estilo no corresponda al de Fernan Caballero; con el objeto de que sea ménos malo este trabajo bemos acudido â eminentes escritores para que nos avuden, y sepa el pûblico que son dos los que hacen este trabajo, aunque solo se firma con nuestro nombre; si bay alguna gloria corresponde â nuestro compafiero, que porque vale mucho es muy modesto y se niega à firmarlo, rogando que lo firmemos nosotros que valemos muchlsimo ménos que él.
iAlma de Fernan Caballero, te pedimos nos perdones las faltas que hayamos cometido al escribir las noticias de tu muerte y de tu vida! Pero ^qué digo de tu muerte, si no es cierto que tu has muerto? |N6, nô! Tù vives y vivirâs
cternaraente; tu fama se puede decir fuô casi europea; tû vives, y viven y viviran tus obras.
Nosotros, los catôlicos, no creemos en la muorte, creemos en la ausencia.
Los periôdicos lian cometido algunas inexactitudes al ocuparse en la biografia de Fernan Caballero, y nosotros vamos à procurar reetüicarlas, agradeciendo extraordinariamente nos enmienden si cometemos invuluntariamente la màs minima equivocacion.
IN" BCEOLOQIA .
La muerte acaba de hundiren el sopulcro à una de las reputaciones literarias mâsilustres de la Espafia moderna.
Dofia Cecilia Bohl de Fabor y Larrea, que es la distinguida escritora â quien aludimos, tuvo por padres â D. Juan y â D." Francisca, personas notables por sus virtudes domésticas y por el empeilo constante con que procuraron inculcar à. su tierna bija las verdades cristianas. Naciéésta, el dia de Noche-Buena en el nbo de 1796; y, como suele suceder â menudo tratândose de personajes destinados â cierta celebridad futura, nofalta quien afirme haber oido referir â la misma, que su madré la dié â luz en un buque, durante la navegacion que sus padres eraprendieron para llogar â Morges, ciudad del canton de Vaud, perteneciente â la repùblica de Suiza.
No negaremos el iiecho, porque cabe en lo posible; pero baste saber que en la iglesia parroquial del referide pueblo existe su partida de bautismo.
D. Juan Nicolâs Bohl, natural de Hamburgo, desempeüû el cargo de cônsul de su pâtria en la ciudad de Càdiz, donde contrajo matrimonio, durante el ûltimo tercio del siglo pasado. La larga permanencia entre los espaûoles y su atlcion decidida por el habla y las obras de Cervantes, de Lope de Vega y de otros escritorcs célébrés de nuestra edad de oro, contribuyeron poderosamente â formar en él el critico concienzudo, atinado y juicioso,que se révéla en tLa Floresta de Rimas Casteüanas ,> «.El Teatro Espanol anterior a Lope de Vega,> y en otras varias producciones de reconocido mérito.
Cecilia, que pasôsu primera edad en Alemania, vino â Câdiz en los alboros de la juventud. Alli contrajo matrimonio, teniendo diez y siete ailos, con el capitan de artillaria Planelles, al que acompaüd en su viaje â Puerto-Rico. Mas la Divina Providencia, que sin duda réserva baâ la jdven esposa para grandes infortunios, la privé inesperadamen te de su amado consorte, viéndose obligada â acogerse bajo la proteccion del Capitan general de la Isla, en cuya casa-palacio habité hasta que pndo disponerse ol regreso â Espafia, acompahada de una familia distinguida. Algun tiempo después, célébré, por los aflos de 1822, D.* Cecilia segundas nupcias con el marqués de Arcohermoso, â quien habia conocido muchos aîlos ântes. Esta union, que hubo de durar mâs tiempo que la primera, fué interrumpida tambien por la muerte del marqués, que fallecié en 1835. Todavla estaba condenada D.* Cecilia â sufrir otro golpe de esta naturaleza con la pérdida de su tercer marido, D. Antonio Arron de Ayala, cénsul en Australia, al que lloré muerto'en el ano de 1863.
Vlctima de tantos contratiempos, y reducida â vestir luto por todas las personas que lmbia amado en el mundo, Cecilia Bohl no pudo encontrar ya consuelo, sino en las prâcticas religiosas y en el cultivo de las letras. Educada por su ilnstrado padre, sugeto tan competente en el particnlar, adquirié la instruccion necesaria para poder emitir atinados juicios sobre el mérito literario de nuestros mejores clâsicos. Poseia, ademas, ol francés, el inglés, el aleman y el italiano, habiendo hecho un estudio esmeradlsimo de las principales obras que hay escritas en estos idiomas, as! para el teatro, como para la historiay para la novela.
Con taies eleraentos, y la modesta pero sélida reputacion que habia sabido adquirirse en el trato y comunicacion de los hombres de letras mâs notables de nuestro siglo, as! nacionales como extranjeros, Doîla Cecilia se dié â conocer, en 1849, con su primera publicacion, titulada *La Gaviota», obr a que le ha adquiridouna gran nombradia entre los novelistas espaüoles. Fué dando sucesivamente â luz otrasproducciones, que aumentaron su fama; y por haberse distinguido muy especialmente en el arte difieil de pintar con sus colores propios las costumbres espaîlolas, y en particular las de Andalucia, ha sido considerada como inventora de este género de literatura popular, en el que tiene muy pocos imitadores felices.
Ademâs de la bellisima novela titulada « La Gaviota ,» se conocen
como de su pluma, bajo la modesta denorainacion de «Cuadros de cos tumbres y lielaciones populares,» lassiguientos: «Clemencia:»«La Familia de Alvareda:» «Callar en vida y perdonar en muerte :» « Ldgri mas:»«Elia, 6 la Espana treinta aftos hd:» El ûltimo consuelo:» « La Noche de Navidad y el Dia de lie y es:» « La Estrella de Vandalia:» «jPobre Boloresl» « Un verano en Bornos « Lady y Virginia :» «.Simon Ver de:» « Mds honor que honores :» «Lucas Garcia:» Obrar bien que Bios es Bios:» «El Bolor es una agonia sin muerte:» « Justa y Rufina :» «Mds largo es el tiempo que la fortuna :» «No transige la conciencia:» «La Flordelas ruinas:» «El Ex-voto :» « Los dos amigos :» «La Hija del Sol:» «Un servilon y un liberalito :» «Didlogo entre la Juvenlud y la Edad madura:» «Una en otra :» «Con mal 6 con bien, d los tuyos t e ten :» «Dicha y suerle :» Beudas pagadas à un episodio de la guerra de Africa:» « Vulgaridad y nobleza:» «Matrimonio bien acenido, la mujer junto al marido :» «Promesade un soldado d la Virgen del Carmen:» «El Alcàzar de Sevilla:» «Las dos Gracias 6 la Expiacion:» «La Farisea:» «La Corruptora y la Buena Maestra :» «La Maldicion paterna :» « Leonor :» «A los ni nos:» « Los dos memoriales:» « Goleccion de articulas religiosos y morales:» «Cuentos y poesias populares:» «La Miloiogia contada d los niiïos , à historia de los grandes hombres de ia Grecia:» «Estar de mds:» « Cuentos , oraciones, adivinas, y refrancs populares é infantiles,» que lue la ültimado sus producciones < literarias, sin hacer raoncion de mdchos articulos, publicaJos en los periédicos de Sevilla, Granada, Valeneia, Alicante, Barcelone, Madrid y otras capitales. Ha dejado inédito un precioso libro, titulado: «El Refranero de la gente del campa, recogido en los pueblos de Andalucta, seguido de un Cancionero de copias y romances populares.»
Los escritorea de ruâs nombradia, tanto nacionales como extranjeros,se ban hechoun deber de contribuir A la gloria literat'iadel ilustre Fernan Caballero, eucabezando con prélogos y juicios criticos de grande erudicion la rnayor parte de sus producciones. Entre tantes, habromos de citai- muy partieularmente à los Seiiores Duque de Rivas*
D. Joaquin Francisco Pacheco, D. José Joaquin de Mora, D. Juan Eugenio do Hartzembusch, D. Antonio Cavanilles, D. Eugenio de Oclioa D. Gabino Tejado, D. Emilio de Olloqui, D. Manuel Cafiete. D. Francisco Flores Arenas, D. José Fernandez Espino, D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, D. Cârlos Mu&oz y Barroso, D. José Maria Antequera,
D. Ferrnin delà Puonte y Apececüea, y D. Antonio Aparisi y Guijarro*
La justa reputacion del gran novelista Fernan Caballero ha sido tambien aumantadu por el estudio detenido y por la juiciosa critica .que han hecho de sus obras extranjeros tau competentes, oorao Mrs. de Mazade, de Latour, Uermomf do la Vigne y Augusto Dumas. El sabio alernan Fernando Wolf; el eminonte critico de la célébré publieacion britànica, < Edimbourgh Reoieio;* el anglo amcricano Ticknor, tan bonemérito de la literatura espaîlola, y otros varies, se han distinguido por el celo en dar â conecer las producciones populares de uuestra esclarecida autora.
La mejor pruoba de la aceptaeion con que el pùblico ha recibido siompre las novelas de Fernan Caballero, son las numerosas ediciones que se han hecho en Espaiia y fuera de ella. Aun sin contar las particularesde esta 6 de aquella produecion deterininada, y omitiendo referir las que han visto la luz pùblica en los folletines de dilerentes poriôdicos, se han multiplicado las ediciones de una manera tnuv notable, especialmente durante estos ûltiraos aùos. Conécense hasta cl dia ocho versiones al francés, très al aleman, una al bohemo, otra al holandés, otra al Inglés, y otra, linalmente, al ruso. Asi los periûdicos do estas naciones, como los de Bolgica, Italia y Amériea, han insertado on sus columnas las mas escogidas, entre las belllsimas eoniposicionos de Fernan Caballero, haciendo cada dia mâs eonocido su nombre en los pueblos cultosde ambos continentes.
Esta inmensa popularidad contrasta de una manora admirable con la modestia de la ilustro escritora, que, mientras lo duré la vida, se negd obstinadamente à facilitar datospara podor extender con seguridad algunos apuntes biogrâflcos. Llegé à tal extremo esta indifereneia por todo lo que debia enaltecer justamente su alta reputacion literaria, que habiéndose traducido en Bolgica una de sus obras, titulada « Relaciones Populares ,» para que sirvioso de texto on las escuelas, el gobierno do aquella nacion tuvo à bien honrar à. Fornan Caballero con la Cruz de Leopoldo. Recibidos el diploma y la condecoracion en el ministerio de Esta.lo de Espaiia, se contesté de real érden al gobierno de Bélgica, que era iniposiblo à Fernan Caballero aeeptar el honor que se le queria dispensar, porque se trataba, no de un liombre sino do una seilora.
Desgracias de familia y reveses de la fortuna obligaron à D.® Cecilia Bohl â abandonar, en el ailo de 1856, la ciudad del Puerto de Santa Maria, donde residiera largo tiempo, antes y despues de la muortc do
su padre. Entônces fué cuando S. M. la reina D.® Isabel 2.®, admiradora entusiasta de las produeciones literarias de Fernan Caballero, le concedié, para que la habitase, una do las casas situadas en el patio de las Banderas, perteneciente al Real Patrimonio. Asi escomo â la sombra del antiguo alcdzar de Abdalazis, S. Fernando y D. Pedro el Justiciero, escribié nuestra autora la mayor parte de las eomposiciones, que hardn eterna su memoria entre los amantes de las bellas letras.
En la imposibilidad do emprender ahora el andlisis crltico de todas ellas, nos limitaremos A decir que respiran la gracia, sencillez y verdad, caracterlsticas de las costumbres andaluzas. Fernan Caballero escribe con arte, pero sin artificios literarios. Es natural en sus descripciones; tiene exactitud en la exposicionde los hechos; usa de delicadeza y propiedad en las iradgenes y caractères de los personages que rotrata; y, por ûltimo, nétase en la narraeion cierto esplritu de candor y bondad, que llega al lector como un perfume oloroso en todos sus escrito3. Un poeta diria que estos escritos embalsaman la atmôsfera con el aroma de los vergeles sevillanos. Las imagiuaciones femeninas son indudablemente las que tienen mâs instinto estético; y hé aqul larazon de que la verdad de sus produeciones resuite màs simpdtiea, fecunda y r ica en poesia que la de los hombres; porque tiene rnds croencias, y estâ nids sentida y mènes analizada en sus extrernos. Fernan Caballero posela, como nadie, el don particalar do pintar nuestras costumbres bajo su verdadero punto de vista. La moral de todas sus novelas es franca y resuelta, sin aliûos de formas, nipuerilidades de estilo; siguiendo el instinto universal del pueblo, y todos los impulsos nobles de las creaciones del génio.cuya esencia es la llaneza de la iuspiracion primitiva. Sus obras estan Uamadas d egercer la mds sana intluencia en el interior de las familias, y en la verdadera y légitima reforma do la sociedad, estudiandoeu lo que liasido y es ahora, lo que debe ser paralo futuro. Teniendo todo esto en consideracion, podemos vivir seguros de que cuando caigan enolvido muchos de nuestros escritores contempordnoos, nacionalos y extranjeros, el autor de «c La Gaviota ,» « Clemencia ,» «.Lcigrimns » y « La Familia de Mvareda ,> serâ unode los pocos que sobronaden; porque sin su lectura no podrdn estudiarse d fondo, ni comprendersebieu, las costumbres espaùoias del présente siglo. Merimés le ha llamado el Sterne espaüol. Hubbart ha dicho que Fernan Caballero era un Chateaubriand femenino, mistico, apasionadoy batatlador como él. Mr. de Latour escribia, no hace mucho tiempo: «Foruau Caballero,
opuesta à las revolucionos, hizo inconscientementô una revolucion en la novela espailola. i’rescindiendo del Quijote, que es no solo la novela de Espaîla por excelencia, sino tambien la Espaha en si misma, el pals de Quevedo y de Hurtado de Mendoza no ténia en su novela mas que el género picaresco, y relativo â lo mâs Inflmo de las costumbres populares. Por el esfuerzo de la imaginacion, noble y elevada; por los recursos de una observacion delicada y Arme; por su arte de ver claro y bien decir, que es el natural privilegio de las raujeres superiores, la Fernan supo elevar el cuadro ordinario de la existencia humana â la altura de un drama casto, a la vez atractivo y apasionado, en que se remontan hasta lo idéal las situaciones habituâtes de la vida.»
Fernan Caballero contribnyô por su parte, igualmente, â la moralizacion del pueblo, con la sana doctrina que abunda en sus producciones, y con las prâcticas religiosas que inculcaba en ellas, propiasde los piadosos sentimientos de su aima. De la caridad decia (escribiendo para los niftos en la « Biblioteca de la familia cristiana:*) Piensan muchos que la caridad consiste en dar dinero; y para no ejercitarla, se excusan diciendo que no lo tienen; pero no esasl: la caridad no se ha- 11a en la boisa; esté enel corazon... Pobrcs hay que son grandemente compasivos y bienhechores de sus semejantes. Nadie, pues, se créa dispensado del deber (que es el mds dulce despues del de amar à Dios) de amar âsu prôjimo, ayudarle, consolarle y darlo, cuando otra cosa no sca, su compasion y sus lagrimas jPodrâ expresarse de un modo mâs profundo, â la vez que tierno y scncillo, lo que es la caridad? Acaso no ses posible, teniendo en considerncion la corta inteligencia de los niilos, â quienes se proponia instruir, dedieândoles aquel opûsculo.
Las producciones literarias de Fernan-Caballero han sido publicadas con licencia de la autoridad eclesiâstica, para quitar todo escrûpulo sobre lapureza de su ortodoxia. Tanto estas obras, como los muchos articulos religiosos, que ha dado â la estampa en las colurnnas de diferentes diarios, acreditan hasta la evidencia que sus ideas eran eminentemcnto catôlicas, habiendo trabajado con infntigable constancia, dentro del limite que sehabia trazado desdo que empezôâ escribir para el publico, en impugnar las teorias de los enomigos *le Jesu- Oristo. Como prueba de esta verdad, oigamos su voz autorizaua, combatiendo en el referido libro al racionalisrao en materias de fé y prâcticas religiosas. «En este siglo (dice) son combatidas,y su peor enemigoes »el racionalismo, constante adversario de la fé. La fô hace â nuestro co-
»razon bastanto grande, para quequepaen él el convenciraiento de to- »das las maravillas de Dios, de toda su clemencia, y de su comunica- »cion con la noble criatura, que formé â su imagen y semejanza. El ra- »cionalisrao, por el contrario, achica y contrae de tal suerte nuestro »corazon, (que es lo unico bueno que tenemos) que solo cabe en éi lo »que pasa por el pequeflo câuce de nuestra limitada compréhension.»
La venta de las casas del Real Patrimonio hizo abandonar â D.® Cecilia su habitacion en el patio de las Banderas, trasladandose, on el afio 1868, â su ûltima morada en la calle de Juan de Burgos. Alli diô las pruebas mâs relevantes de sus virtudes cristianas, dedicada exclusivamente à la oracion, al ejercicio de la caridad y al estudio. La muerte vino â intorrumpir estas paciflcas tareas, anunciânddse, desde mediados de Febrero del corriente aho, con una reagravacion progresiva de sus nchaques habituales. Ella misma, que nunca so forjô ilusiones sobre su verdadero estado, pidiô los auxilios postreros de la religion, recibiendo en el dia 2 de marzo el Viâtico y la Extremauncion con taies afectos de ternura, que hizo derramar copiosas lâgrimas â todos los concurrentes.
Agravândose de dia en dia la situacion penosisima de la ilustre enferma, su morada obtuvo el singular honor de acojer en diferentes ocasiones â S. M. la Reina D.® Isabel II y â los Sermos. Sres. Infantes Duques de Montpepsier, que quisieron dispenser personalmente afectuosos consuelos â la anciana raoribnnda. Esta conservé hasta los ultimes instantes toda la integridad de su despejado entendiraiento.
Très dias antes de falloeer, fué â visitarla un amigo, â qnién no veia desde el principio de su enfermedad, por haber estado ausehte* «;Hay en Cantillana (le pregunté) arboles y arroyosf» Y como le respondiese afirmativamente, aiiadié Fernan-Caballero, con un acento tristisimo y A la vez solemne: «Yo siempre lie admirado en las bellezas de la creacion la mano omnipotonte de Dios; pero ya todo acabé para mi en el mundo. Existirân sobre la tierra prados amenos, matizados de iloros....; mas para mi sera lomismoque si la mano de Dios los hubiera destruido. Solo espero conocer â mi Hacedor por su infinité niisericordia.» Tomando pretesto de estas palabras el amigo, le recordé aquellas célébrés de Santa Teresa de Jésus: «Tan alta vida espero, que muero porque no rauero.» D.® Cecilia, despues de un corto momento de suspension, contesté à su afectuoso amigo: «Yo no puedo repetir eso, porque carezco de las virtudes de Santa Teresa
de Jésus. [0 padeccr, é morir! diria unicarnente con la Santa.»
Préxima ya su ultime hora, la ilustre enferma no quiso comunicar sino con su confosor y alguna que otra persona encargada de s n inmediata asistencia. La noche anterior al dia de su muerte,pregunté con cierta ansiedad al primero: «jCuando acaba esto?» Y como el confosor le rospondiese: «Que aûn no era todavia la voluntad de Dios,» exclamé, apretando sus manos, cruzadas sobre el pecho, y levantando hâcia el cielo los ojos: «Cumplase en mi, Sofior, ahora y siempre vuestra santa y adorable voluntad.»
Con tan buonas disposiciones, repitiendo continuamente los nombres dulclsimos de Jésus, Maria y José, y abrazada tiornamente â un Crucifljo, exhalé el ûltirao aliento, entregando su aima â Dios para gozar de la eterna bienaventuranza, como creemos piadosamente. Eran las diez do la mafiana del dia 7 de Abril de 1877.
«Dichoso aquel (debe decirse aqui ahora con D. Eduardo Gonzalez I’edroso); dichoso aquol que puede, trenzando las lozanas flores do su ingenio, formarse una guirnalda, conque entcar coronado en el cielo! iDichoso aquel, de quien, como de Fernan Caballoro, se puede decir indistintamente, que sus obrasson buenos libros y buenas acciones!»
Losfunerales de D." Cecilia Bühl se celebraronen la iglesia parroquial de Santa Maria Magdalena, cumplidas veinte y cuatro horas despues de su fallecimiento. Oigamos sobre ni particularâ D. Ramiro Franoo, représentante del poriédico de Madrid, titulado «La Ilustra don Espaiiola,'» encarta al directordel mismo. «El dia, dice, era triste y lluvioso, como si el cielo hubiesequeridoderraraar lâgrimas do pena, por'la que fué en la tierra un angel de caridad. El respoto, la religiosa deferencia, la prosion (digamoslo asi) que egerciaen vida la incomparable Cecilia sobre todos los quetenian la diclia de tratarla, debieron de mostrarse tambien en el momento de dar sepultura â su cadaver: nadie pronuncié una sola palabra, en testimonio pûblico de que las letras estaban de luto...jFué disposicion de la flnada? Quiero creerlo asi, porquo en otro caso sus araigos no mereciamos tal nombre. Y me reflero particularmente â aquellos que debieran serlos primeros en darnos el ejemplo de rendir su ûltimo homenaje de adrairacion y carihoso respeto â la ilustre escritora, ante su frio cadâver. ;Ni una corona, ni una sentida frase para tanta bondad como ella para todos tuvo! Antes, sin embargo, de cerrar el atahud, no falté quien hiciese una muda, pero pûblica protesta, estrechando las heladas manos de Fernan Caballero .»
Sobre su sepultura, que es la individual de segunda clase, en el cementerio de S. Fernando, nüm. 108 de la calle de S. Zéifo, se ha colocado una lâpidacon la inscripciun siguiente: