V. E, etc. etc
B. Gerbier.
Londres. Public Record Office. Foreign State Papers. Flanders 5g. . Traduction anglaise Noël Sainsbury, pp. 'cit. p. 161.
'-Le lendemain du jour où Gerbier écrivait cette lettre, il se trouvait à Anverfe-avec sa femme et dînait avec Rubens et Hélène Fourment chez M. dé
Montfort. C'est l'évêque Ophovius qui nous fournit Ce détail dans son Diarium 22 août t63i où il' annote : Post congregationem (Episcoporum) pransus sum cum D. Montfort ubi erat D""* Rubbens cum uxore et D. van Oncle et Agens Régis Anglise cum uxore '(Sabbatto 23 Aug. i63i).
(Voir la note sur Ophovius au 17 septembre 1626).
DCCXVI PHILIPPE IV A L'INFANTE ISABELLE. 23aoûti63i.
Serenissima Sehora,
Las cartas de los ministres dan alguna luz de los intentes del Monsieur y de la reyna madré en estos accidentes, y de los malcontentos de Francia que pareze seguirân su partido, y hablan (particularmente Rubens) en lo que conviene no perder esta ocasîon para mortificar a Francia, apartar al cardenal de Richelieu de la màno y authoridad que tiene en el govierno, y poner a aquel rey en cuydado de su propria casa yen obligaciones de gasto que le diviertan y retiren de las assistencias que en Holanda y en Aleriiania da a nuestros enemigos, pudiendo nosotros juritamente dexar a la reyna madré y al Monsieur obligados y agradescidos para lo venîdero. Yo no dudo que es muy bueno el zelo con que discurren en esto, ni que de mi parte ay razones que justifiquen el podér emprendelio : pero, considerados los medios que el tiempo y la materia da de si, y el estado de nuestras cosas y de las de Francia, se vee quanto conviene entrar con pié fijo en qualquier designio.
Las relaciones por que Rubens se muebe, de que tambien se dexa llevar el marques de Aytona, son de Franceses faciles a movimientos y a palabras poco seguras. Pero quando fiemos dellos, he considerado que querîerido encarezer las assistencias que tendria el Monsieur, el que las refiriô a Rubens llega a dezir que serîan i5,ooo infantes y 2,5oo cavallôs, todo gente francesa, sin senalar por quanto tiempo se la niantendrân; y si aun bien mantenida, se deshaze presto por su natural
33aotiti63i. inquietud, esta podria ser que, aun sin llegar a la plaza de armas, se deshiziesse en quatro dias ; y el presupuesto de que el de Guisa y Pernon assistirân al Monsieur y Bullon le meterâ en Sedan, no ti'ene mas seguridad que una relacion : con que vienen a ser flacos los fundamentos de todo. Y haviendo de ser mis assistencias de dinero effectivas y en cantidad tan considérable como cerca de 400,000 escudos en dos meses, no parezerîa buen acuerdo aventurarlos para solo irritar el rey de Francia y quedarnos en mayor embarazo y con verisimil impossibilidad ô difficultad grande de salir del empeno de la reyna madré; y quando se quiera alentar lo possible el partido del Monsieur y se halle con un exército de 24,000 infantes y 6,000 cavallos, pagado por seis meses (de que no ay aparencia), devemos considerar al rey con sus regimientos viejos y de la guardia, y rcforz^do de nuevas recrutas, con las plazas pôr suyas cubiertas de su exército animado todo de su persona, y se hecharâ de ver que Monsieur puede pbrar poco :
Porque, si quiere sitiar plazas, se desharâ su exército y verisîmilmente podrâ socorrer el rey qualquiera que sitiare; si toma algun puesto, con ponerse el rey a la frente, se le harâ inùtil y le cortarâ los vivres; no teniendo Monsieur segundo exército, si se mete en una plaza, el re le cerrarâ en ella, y séria perderse ; dar una batalla sera con fuerzas inferiores a las del rey en el numéro y calidad de la gente; empenarse con esperanza de que los guardas del rey se passarân al Monsieur, séria mal acuerdo ; créer que se moverâ el de Guisa y Pernon ô otros es vano fundamento, porque la facilidad con que Franceses solian moverse contra su rey nacia de ver fuerte y seguro el cuerpo de los hugonotes, donde hallavan assistencia y acojimiento. Oy falta esto, y todos se contendrân; el de Guisa, segun dizen, no tiene mucha opinion en Francia; Pernon esta acabado; Candala no es reputado por hombre de partes; el duque de la Valeta, se crée, es amigo grande del cardenal de la Valete, su hermano, y este del cardenal de Richelieu con estrecheza. Y assî parezen flacos los fundamentos que mis ministros se proponen; y si se haze pié en ellos para empenos grandes, se aventura hazienda y reputacion con poca ô ninguna esperanza de buen successo.
Dixe a V. A. que en el partido del Monsieur no se podia hacer designio de cantonar la Francia, porque no querria de buena razon ver
dîvidîdo el reyno en que espéra ha de succéder. Parece que se anteviô lo 23 août îôsi.
mismo que la reyna madré y sus ministres declaran ahora, pues excluyen
el valerse del partido de los hugonotes y qualquier intente de restaurarle :
en que se vee quan atentamente miran por los intereses y conveniencias
del Monsieur, y que la reyna madré no prétende otra cosa que la ruina
del cardenal.
No haviendo pues partido en Francia de subsistencia, ni fuerza considérable ni que pueda tener fines en bénéficie de mi corona, ni aun mezclar mis conveniencias con las suyas, sino solo apartar del lado del rey al cardinal de Richelieu, parece que se herrarîa si se assistiesse al Monsieur con lo que se me propone; y que no serîa mâs que gastarlo vanamente, concitar el odio del rey, dar mayor cuerpo al enemigo ; y inconvenientes désta natura difficultan los fines y el consuelo de la reyna madré y el acomodamiento de todo. Y si bien no se nie propone rotura de corona a corona por la reyna (aunque el marqués de Aytona y el de Mîrabel, no sin admiracion mia, inclinan a ello), no se puede negar que, siendo pùblicas, como lo havrîan de ser necessariamente, mis assistencias de dinero al Monsieur, y estando él en campana, se da occasion al rey su hermano para que rompa conmigo, y si no lo hiziere oy, podrâ manana ; y llegar a estos empenos sin fines grandes y medios proporcionados y seguros, no cabe en buen consejo.
Si, como avise a V. A. en mi despacho antécédente de i3 deste, se embarcassen el emperador, el rey de Ingalaterra, el duque de Saboya y el de Florencia, cada uno con designio proprio, y unidos a la satisfacion de la reyna madré, tomaria el négocie être celer y otra fuerza, porque estos principes meten repulacion en la barca, tienen intereses que pueden assentar, tienen sustancia y fonde para mantenerse, y una vez unidos, a su sombra y a su nombre se puede esperar que sigan mevimientes grandes. Pedrîa se entônzes formar liga con la reyna madré y con Monsieur, y el adherir yo con dinero hasta su reduccion a Francia ne séria romper de corona a corona, ni aun quande (en case de no poderse escusar) me obligâra yo a la diversion que apunté por la Prevenza. Pero sin la firmeza y ajustamiento destos medios pareze desacierto y en alguna manera indignidad embarcarme yo con casi 400,000 escudos el primer dia y con navios de Dunquerque en el partido del duque de Bullen y de los êtres embezades, que lo aparente y le encubierte,
23 août i63i. quando lo creamos como lo figuran, no pueda ser bastante para assegurar los successos ni la reputacion.
H âme parezido dar parte a V. A. destas consideraciones que offreze la misma materia, y no dudo que alla se havrâ pensado en ellas y en otras que puedan persuadir lo mismo que acâ se entiende, para poder mis ministros decir a la reyna madré, por via de consideracion, en primer lugar, quanto he estimado que me aya dado ocasion de assistirla y acudir a su consuelo, y que esto haré siempre con muy buena voluntad ; que en quanto a su reducion a Francia ay dos medios : el uno, el de la tratacion, en que yo offrezco todo lo que puedo enteramente ; el otro, el de la fuerza, y en esto desseo hazer quanto pudiere. Y porque no podrâ ser lo necessario mientras durare la guerra de Flândes, no querria que S. M. Christianissima errasse el lanze, pues si se yerra una vez, queda intratable su reduccion y casi en desconfianza de conseguirse. Y advertidos los ministros de las razones y consideraciones que he apuntado, y de las que a ellos se les havrân offrezido, para juzgar que con los partidos que havia descubiertos, de que se me ha dado quenta hasta ahora, ningun empeno es conveniente ni seguro, podrân dezir a la reyna el que pareze lo sera y tendra fuerza para poder obrar cosa de consideracion en la forma que va referido, en que desde luego vendre de muy buena gana : con que hecharâ de ver la reyna madré que no quiero escusar el gasto, sino gastar con utilidad y conveniencia suya, de manera que el obrar a priesa sin union y fuerza proporcionada, por lo ménos de dos exércitos, no estorve lo que, obrando prudentemente y con fundamentos seguros, se puede esperar en qualquier designio que la reyna madré se proponga.
Tambien se me offreze que se le podria dezir (anteponiendolo a todo en razon de conveniencia) que en caso de tener Monsieur (como se apunta en la carta de Rubens) modo para meterse en Calés ô en otra plaza semejante a quien no pueda quitarsele el socorro, yo lo apruebo y ayudaré a semejante hecho de muy buena gana ; y se le podrâ offrezer lo que pareziere â caso executado. Y con esto los interesados podrian animarse y cabrar reputacion todos los partidos de Francia ; y mientras se forma el de Monsieur y las negociaciones se dan la mano con él, causarla gran diversion à su hermano, y todo corren'a bien y podria disponerse con nervio y reputacion.
23 août i63i.
De Madrid, a 23 de agosto i63i.
Yo EL Rey.
Original déchiffré aux Archives du royaume à Bruxelles : Correspondance, t. XXIX, fol. 97.
Publié par Gachard, op. cit. p. 334- Traduction Ibid. p. 227.
TRADUCTION
PHILIPPE IV A L'INFANTE ISABELLE
Sérénissime Dame.
Les lettres des ministres jettent quelque lumière sur les projets de Monsieur et de la reine-mère ainsi que sur les mécontents de France qui paraissent disposés à suivre leur parti ; on y lit (particulièrement dans celles de Rubens) qu'il convient de ne pas^ perdre cette occasion d'humilier la France, d'enlever au cardinal de Richelieu l'autorité qu'il a dans le gouvernement, de créer des soucis au roi pour sa propre maison et de le mettre ainsi dans la nécessité de faire des dépenses qui le forceront à retirer l'assistance qu'il donne à nos ennemis en Hollande et en Allemagne, et d'agir en même temps de manière à rendre la reine-mère et Monsieur nos obligés, et reconnaissants envers nous pour l'avenir.
Je ne doute pas que ces ministres ne soient animés d'un bon zèle dans ce qu'ils proposent, ni qu'il n'y ait des raisons qui m'autoriseraient à y donner suite. Mais, considérant les moyens dont on pourrait disposer, vu le moment et l'affaire elle-même, vu aussi l'état de nos affaires et de celles de la France, on voit combien il importe de n'agir dans toutes ces questions qu'avec fermeté.
Les rapports sur lesquels Rubens se fonde et auxquels le marquis d'A)rtona aussi ajoute foi, sont de Français qui se remuent aisément et dont les paroles sont peu sûres. Alors même qu'on pourrait se fier à eux, j'ai considéré que, voulant exagérer l'importance des troupes dont Monsieur disposerait, celui qui en a parlé à Rubens a fait mention de i5,ooo hommes d'infanterie et de 2,5oo cavaliers, tous français, sans dire pour combien de temps on les entretiendrait : or, vu le caractère mobile des Français, il pourrait arriver que, même étant bien entretenus, ils se dispersassent en quatre jours avant
23 août x63i.
d'être arrivés sur le terrain où ils auraient à agir; et la supposition que les ducs de Guise et d'Epernon aideront Monsieur et que le duc de Bouillon lui livrera Sedan n'a d'autre base qu'un simple rapport. Les fondements de tout cela sont donc bien faibles; et, comme mes secours en argent devraient s'élever jusqu'à environ quatre cent mille écus en deux mois, il ne paraîtrait pas sage de les hasarder uniquement pour irriter le roi de France, tandis que nous resterions dans un plus grand embarras encore et, selon toute vraisemblance, avec l'impossibilité ou du moins une difficulté grande d'arranger l'affaire de la reine-mère. Que si l'on veut encourager, autant que possible, le parti de Monsieur, et qu'il parvienne à rassembler une armée de 24,000 hommes d'infanterie et 6,000 chevaux payée pour six mois (ce qui n'est guère probable), nous devons considérer que le roi a ses vieux régiments et ceux de sa garde, renforcés de nouvelles recrues, qu'il a les places à lui et couvertes de son armée et que ses troupes seront animées par sa présence. Alors il sera évident que Monsieur peut faire peu de chose :
Parce que, s'il veut assiéger des places, son armée devra se morceler, et vraisemblablement le roi pourra secourir celles dont il entreprendra le siège. S'il emporte quelqu'avantage contraire aux intérêts du roi, celui-ci le lui rendra inutile et lui coupera les vivres. Monsieur, n'ayant pas une seconde armée, s'il entre en une place, le roi l'y enfermera, et se serait sa perte. Donner une bataille, il ne le pourrait faire qu'avec des forces inférieures en nombre et en qualité à celles du roi. S'aventurer dans l'espérance que les gardes du roi passeront à Monsieur serait une détermination peu sage. Croire que les ducs de Guise et d'Épernon, ou d'autres, se soulèveront, est un fondement vain, parce que la facilité avec laquelle les Français se soulevaient contre leur roi naissait de la force et de la sûreté que présentait le parti des huguenots, auprès duquel ils trouvaient accueil et assistance : aujourd'hui cela leur manque, et tous se contiendront dans le devoir. Le duc de Guise, à ce qu'on dit, n'a guère pour lui l'opinion en France. Le duc d'Épernon est fini. Caudale n'est pas réputé homme de ressources. Quant au duc de la Valette, on le croit grand ami du cardinal son frère, et celui-ci intime du cardinal de Richelieu. Les arguments sur lesquels se fondent mes ministres paraissent donc bien faibles et, si l'on s'en laissait persuader pour prendre de grands engagements, on aventurerait l'argent et la réputation avec peu ou point d'espérance de succès.
J'ai dit à Votre Altesse qu'il rie fallait pas compter sur le parti de Monsieur pour le cantonnement de la France, parce que Monsieur, avec raison, ne voudrait pas voir divisé le royaume auquel il espère succéder. Il paraît qu'on a prévu ce que la reine mère et ses ministres déclarent maintenant, puisqu'ils excluent
le recours- au parti des huguenots et toute tentative de le restaurer : ce qui ^3 août i63i. fait voir avec quelle attention ils veillent aux intérêts et aux convenances de Monsieur, et que la reine mère ne prétend autre chose que la ruine du cardinal.
Comme il n'y a donc pas en France ni de parti puissant ni de force considérable sur laquelle je puisse compter pour l'avantage de ma couronne, ni même pour confondre mes intérêts avec les siens, et qu'il ne s'agit que d'éloigner de la personne du roi le cardinal de Richelieu, il paraît que ce serait une erreur d'assister Monsieur de la manière qu'on me le propose ; qu'on ne ferait par là que dépenser l'argent sans fruit, exciter la haine du roi, augmenter la force de l'ennemi ; et des inconvénients de cette nature ne peuvent que rendre plus difficile aussi bien les vues et le secours a donner à la reine-mère que l'arrangement des affaires en général. On ne me propose pas, à la vérité, de rompre de couronne à couronne pour la reine (quoique les marquis d'Aytona et de Mirabel y soient enclins, ce qui me surprend) : mais on ne peut nier que, mes secours d'argent à Monsieur étant publics, comme ils devraient l'être nécessairement, et lui s'étant mis en campagne, le roi son frère y trouverait l'occasion de rompre avec moi, soit aujourd'hui soit demain ; et entreprendre de telles actions sans un but élevé et des moyens proportionnés, ce ne serait pas sage.
Si, comme je l'écrivis à Votre Altesse dans ma dépêche du i3, l'empereur, le roi d'Angleterre, les ducs de Savoie et de Florence s'embarquaient dans l'entreprise, chacun avec ses vues propres, et s'unissaient à la satisfaction de la reine-mère, l'affaire prendrait un autre aspect et une autre force, parce que ces princes mettraient leur réputation en jeu : ils ont des intérêts qui se peuvent concilier ; ils ont les moyens de se soutenir, et une fois unis, à leur ombre et en leur nom, on pourrait espérer que de grands mouvements se produiraient. Alors une ligue pourrait être formée avec la reine mère et Monsieur, et ce ne serait pas, de ma part, rompre de couronne à couronne, que d'y adhérer en fournissant un subside jusqu'au retour de la reine et de Monsieur en France, ni même si je m'engageais (au cas que je ne pusse faire autrement) à la diversion du côté de la Provence dont il a été question. Mais, sans le règlement et l'assurance de ces moyens, il paraît que ce serait, de ma part, une bévue et en quelque manière une indignité de fournir tout d'abord près de quatre cent mille écus et des vaisseaux de la flotte de Dunkerque au parti du duc de Bouillon et des autres qui ne se sont pas fait connaître. Ce qui est apparent et ce qui est caché, même en y croyant comme ils se le figurent, ne suffit pas pour a:s5ûTCr~te"~"succès ni garantir la réputation.
Il m'a paru à propos de communiquer à Votre Altesse ces réflexions que suggère la matière même. Je ne doute point que là-bas on ne les ait
23aoûti63i. faites aussi et d'autres encore qui conduisent, comme ici, à penser que mes ministres pourraient dire â la reine mère, par manière de considération, en premier lieu, combien je me suis félicité qu'elle m'ait donné l'occasion de l'assister et de la consoler, et que toujours je le ferai de très bonne volonté ; qu'en ce qui concerne son retour en France, il y a deux moyens: .l'un des négociations, et pour celui-ci j'offre entièrement tout ce qui est en mon pouvoir ; l'autre de la force : quant à ce dernier, je ferai tout ce qui me sera posiible. Mais, comme, tant que durera la guerre de Flandre, ce ne pourra être tout ce qu'il faudrait, je ne voudrais pas que Sa Majesté Très Chrétienne échouât dans son entreprise, parce que, si celle-ci venait à manquer, son retour deviendrait impossible à négocier avec quelque espoir de succès. Les ministres, voyant, par les raisons que j'ai dites et celles qui se seront présentées à leur esprit, qu'aucun engagement avec les partis qui se sont découverts et dont on m'a rendu compte jusqu'à présent, n'est convenable ni sûr, pourront désigner à la reine celui qu'ils estiment le plus sûr et moyennant lequel on obtiendra quelque résultat d'importance de la manière que j'ai dit : ce à quoi je coopérerai très volontiers. La reine-mère verra ainsi que je ne cherche pas à éviter la dépense, mais que je veux dépenser d'une manière utile et convenable à ses intérêts : de façon que, par une action précipitée, sans union et sans qu'on puisse compter au moins sur deux armées, on n'empêche pas ce qu'on peut espérer en agissant prudemment, et sur des fondements certains, pour l'exécution de projets que la reine-mère pourra former.
Je pense aussi qu'on pourrait dire à la reine (et cela avant tout, par raison de convenance) que si Monsieur, comme il est exprimé en la lettre de Rubens, a le moyen de se mettre dans Calais ou dans une autre place semblable où le secours lui est certain, j'y donnerai mon assentiment et j'y aiderai très volontiers ; on pourra même offrir à la reine ce qui sera jugé à propos après que la chose aura été exécutée. Les intéressés prendraient ainsi courage ; tous les partis en France en acquerraient de la réputation ; au moment où celui de Monsieur se forme, cela causerait une grande diversion à son frère, et tout marcherait bien et on pourrait agir avec vigueur et autorité.
Madrid, le 23 août i63i.
Moi le Roy.
DCCXVIl
BALTHASAR MORETUS A ANTOINE DE WINGHE. n septembre i63i.