‹ Espagne poetiqueChapitre 106 sur 112 · A R RI A Z A · texte numérisé non relu

A R RI A Z A

LA DESPEDIDA.

Y a llegó el instante fiero, Silvia, de mi despedida,

Pues ya anuncia mi partida Con estrepito el canon :

A darte el adiós postrero Llega ya tu tierno amante,

Lleno de llanto el semblante Y de angustia el corazón.

¡ Oh ! si las pasiones nuestras Fueran de igual violencia ,

El dolor de nuestra ausencia Se partiera entre los dos :

Mas tú un semblante me muestras Indiferente ó contento ,

Cuando yo no tengo aliento Ni aun para decirte adiós.

ARRI AZA.

¿ Mas qué dices , Silvia mía ,

Con ese tierno suspiro?

¿ Por qué entre lágrimas miro Tus ojos resplandecer ?

Cual nube que en claro dia Opuesta al sol se deshace ,

Y el sol con sus rayos hace Brillar el agua al caer.

¿ En mí los lánguidos ojos Fijas con tanta ternura ?

¿ Sin faltarle la hermosura Falta á tu rostro el color?

¿ Yas á abrir los labios rojos ,

Y el sentimiento los sella ?

¡ Que en tí haya de ser tan bella Aun la imágen del dolor !

i Insensato ! yo pensaba Que la amarga pena mia Algún alivio tendria Si tú penáras también :

Al error que me engañaba Concede, Silvia, el perdón*.

Ya siento mas tu aflicción,

Que antes sentí tu desden.

4 (ri

Hien mió , por Dios te ruego , Sei ena el triste quebranto ;

No vale tan bello llanto Cuanto el mundo encierra en sí :

1 asen por tí con sosiego De amor las horas serenas ,

^ aquellas de angustias llenas Que se detengan en mí.

En mí, miserable y triste,

Por el cielo destinado Para soportar del hado ha barbara crueldad .- No en tí, que hermosa naciste.

Llena de un poder divino,

Para tener el destino Sujeto á tu voluntad.

Poi él tendrás el consuelo Mientras que mi ausencia llores , De encontrar mil amadores Mas de tu gusto que yo :

Dtro, á quien dispense el cielo La fortuna de agradarte;

Pero otro , que sepa amarte Como yo te amo , eso no.

ARRIAZ A.

No me enamoró tu trato ,

Ni tu semblante perfecto ,

Sino un simpático afecto ,

Que tal vez nací con él :

Yo me figuré un retrato De las gracias verdaderas,

Y conocí que tú eras El original de aquel.

Mas yo parto... ¡Ay dios! mis penas En la explicación no caben ;

Los cielos solos las saben ,

Que el fondo del alma ven ,

Y vieron las horas llenas De deliciosos recreos.

Que colmaron mis deseos En los brazos de mi bien.

Ya las aguas blandamente Mueve afable ventolina,

Y de la gente marina Se oye la confusa voz :

Ya del ancla el corvo diente Del fondo tenaz retiran :

Todos a darme conspiran Una muerte mas veloz.

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