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TOME I

QUINTANA.

La negra faz de cavernosa roca Donde el viento quebranta los bajeles ,

De los rudos peligros que te aguardan Los mas grandes no son ni mas crueles. Espéralos del hombre : el hombre impío , Encallado en error, ciego , envidioso.

Será quien sople el huracán violento Que combata bramando el noble intento.

Mas sigue , insiste en él , firme y seguro ; Y cuando llegue de la lucha el dia.

Ten fijo en la memoria Que nadie sin tesón y ardua porfía Pudo arrancar las palmas de la gloria.

Llegas en fin ; la América saluda A su gran bienhechor, y al punto siente Purificar sus venas El destinado bálsamo : tú entonces De ardor mas generoso el pecho llenas ,

X obedeciendo al numen que te guía , Mandas volver la resonante prora A los reinos del Ganges á la aurar§.

El mar del mediodía

Te vio asombrado sus inmensos senos

Incansable surcar : Luzon te admira,

Siempre sembrando el bien en tu camino ,

QUINTANA.

Y al acercarte al industrioso Chino,

Es fama que , en su tumba respetada ,

Por verte alzó la venerable frente Confúcio , y que exclamaba en su sorpresa :

« ¡ Digna de mi virtud era esta empresa ! »

¡Digna, hombre grande, era de ti ! ¡ bien digna De aquella luz altísima y divina ,

Que en dias mas felices La razón , la virtud aqui encendieron !

Luz que se estíngue ya : Bálmis , no tornes ,

No crece ya en Europa El sagrado laurel con que te adornes.

Quédate allá, donde sagrado asilo Tendrán la paz , la independencia hermosa : Quédate alia , donde por fin recibas El premio augusto de tu acción gloriosa.

Un pueblo , por tí inmenso , en dulces himnos , Con fervoroso zelo ,

Levantará tu nombre al alto cielo.

Y aunque , en los sordos senos Tu ya durmiendo de la tumba fría,

No los oirás , escúchalos al menos En los acentos de la musa mia.

QUINTANA.

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