A LA HERMOSURA
Cuando on la flor de mis risueños dias Mi ' ista lu 1*10 tu luz, dulce Hermosura ¡ Oh cómo palpite ! ¡ cómo mi pecho I e amó , te idolatró ¡ Tú mimen fuiste
Que desplegar hiciste El vuplo de mi voz , tú presidias Re n,i cítara al son , que entonces era Mas bien el eco de las ansias mias Que el eco de tu gloria : esento ahora De temor , de deseo y de esperanza , Que aceptes pido con afable agrado El tributo que rindo á tu alabanza.
¡ Oh si al formar tu vencedor traslado , Benigno el cielo le apacible tinta Me diera , con que el dia en el oriente Nace á inundarle en cándidos albores !
! Los hermosos colores Flora me diera, con que adorna y pinta Al soberbio clavel su altiva frente !
Dierame de su seno la fragancia ;
QUINTANA.
Y la bella elegancia Que gentiles los álamos despliegan ,
Cuando las auras del Abril los mecen,
Cuandp las lluvias del Abril los riegan.
A tu nacer testigo El orbe se recrea ,
Que tanto llega á florecer contigo :
Y te contempla en tu halagüeña cuna ,
Como , al morir el dia ,
Mira el recinto de la selva umbría La incierta luz de la naciente luna.
Mirate Amor alborozado , y lleno Ya del poder que en esperanza siente,
« Yo bañaré con mi esplendor su frente, » Soberbio exclama , « y con mi ardor su seno. »
Ci •ece .* que el lirio y la purpúrea rosa Tiñan tus gratos miembros á porfía :
El sol de mediodía
La lumbre encienda de tus ojos bellos :
Que el tímido pudor la temple en ellos :
La esencia de las flores Tu dulce aliento sea ,
Y, á velar tus encantos vencedores,
Bajen en crespas ondas tus cabellos :
QUINTANA.
En tu nevado seno Empiecen Jos amores L a primera á gustar de sus delicias :
Tu pie en la danza embellecer se vea * Y tu cándida mano en las caricias.
Diosa de la beltad , alza la frente ,
Mira tu gloria : al contemplarla el sabio Despide de su mente La grave austeridad : la indiferente , Desmayada vejez siente que inflama Tu viva lumbre sus cenizas frías,
^ suspirando exclama :
« ¡ Ah , quien volviera á los floridos dias ! » Mientras que ansiosa , arrebatada y ciega La juventud, á oleadas ,
Corre , y se agolpa tras de tí, y á oleadas , t'u tierno afan á tributarte llega.
i Qué nube de esperanzas y deseos
I e halaga en derredor ! ¡ qué de suspiros !
¡ Cuántos amores ! y soberbia y fiera,
Sin ver, ni agradecer, sigues hollando
La apacible carrera Sembrada de placer , ornada en flores ;
I I as tu carro de triunfo arrebatando
QUINTANA.
Los míseros despojos De tantos amadores ,
Que, al son de su cadena.
Bendiciendo tu luz , cantan su pena.
¡ Dichoso aquél que junto á tí suspira,
Quel el dulce néctar de tu risa bebe ,
Que á demandarte compasión se atreve ,
Y blandamente palpitar te mira !
¡ En fin triunfaste, Amorí ¿Cuál es la gloria Que iguale en su contento A tan bella y magnífica victoria ?
Mira al mortal que devoró los dohes ,
Los dulces dones suspirados tanto ,
Cual se agita impaciente , estremecido ,
De vanidad henchido ,
De gozo inmenso , de inefable encanto.
; Y no es éterno ! ¡ ay dios ! ¡ y llega un dia En que , del albo seno .
Cansada la hermosura Lanza al amor ! Amor la embelleeia :
El su semblante de expresión bañaba :
El gracia la im piraba y bizarría :
El mundo la veia ,
Y cual templo de un dios la respetaba.
quintana.
y ora, apagando la sagrada antorcha.
Sus alas tiende Amor, y huye gimiendo De la vana inconstancia , y la falsía Que su altar profanaron ,
V la alma fuente del sentir cegaron.
A o asi en ti se cegó, cuando á la tierra Ejemplo dabas del amor mas puro ,
Heloisa infeliz : ¿ cual fue la mano Que, despiadada y dura.
Hundió en ese recinto pavoroso,
Morada del horror, tanta hermosura?
Y respondes : — « Mi amor. .. — ¿ Qu¡en por tu seno Dilató de tan bárbaros dolores
El amarge raudal ? - „ Mi amor. . - ¿ Un tiempo No llegará en que expire
El nombre de Abelardo en tus clamores ,
De que el eco se llena,
Y en esas anchas bóvedas resuena ?
« No lo sufre mi amor : mira los dias Cual pasaron por mí : su triste huella Mai chitó mi beldad, sin que un instante \ iese templar la inapagable llama Que me consume. Feneció mi amante .
Sin fenecer mi amor ; sus restos fríos Son sin cesar bañados De ardiente llanto y de lamentos míos.
QUINTANA.
Déjame en ellos inundarme : el cielo Este solo placer es el que ha dado A mi infelice suerte. ,
Déjame mi dolor. Cuando la muerte Venga á librarme del horror del mundo , Entonces ¡ ay ! en mi postrer momento , Abelardo , dirá con hondo acento , Abelardo , mi labio moribundo. »
Asi sus ayes lastimeros hienden De siglo á siglo , y sus agudos ecos En lástima y amor el pecho encienden.
Rosas y mirtos á su tumba , y llanto , Llanto mas bien ; las lágrimas que vierto , Al mismo tiempo que mi voz la nombra , Son dulce ofrenda á su adorable sombra.
¿ Tanto vale el sentir ?¿ á tanto alcanza Su divino poder ? Ojos hermosos ,
Sabed que nunca parecéis mas bellos , Sabed que nunca sois mas poderosos ,
Que cuando en vos se mira El vivo afan que el sentimiento inspira.
¿ Sin él qué es la beldad ? Flor inodora, Estatua muda que la vista admira,
Y que insensible el corazón no adora.
quintana.