‹ Études sur l'Espagne (volume 3)Chapitre 205 sur 206 · CHAPITRE DU BULLISTE · texte numérisé non relu

CHAPITRE DU BULLISTE

(Fol. 40 v»)... Mas, cou ver despues la risa y burla que mi amo y el alguazil llevavan y hazian del negocio, conosci como avia sido industriado por el industrioso y inventivo de mi amo.

Acaescionos en otro lugar, el quai no quiero nombrar por su honrra, lo siguiente, y lue que mi amo predico dos o très sermones y do {sic) a Dios la Bulla tomavan. Visto porelastuto de mi amo fo que passa va y que, aunque dezia se liavan por un ano, no aprovechava, y que estavan tan rebeldes en tomarla y que su trabajo era perdido, hizo tocar las campanas para despedirse, y, hecho su sermon y despedido, desde al pulpito, ya que se queria abaxar, llamo al escrivano y a mi que yva cargado con una[s] alforjas e hizo nos llegar al primer escalon, y tomo al alg^uazil las que en las manos llevava y las que no ténia, en las alforjas, pusolas junto a sus pies, y tornose a poner en el pulpito con cara alegre y arrojar desde alli de diez en diez y de veynte en veynte de sus bullas hazia todas partes, diziendo : « Hermanos mios, tomad, tomad de las ^r£^cias que Dios os embia hasta vuestras casas y no os duela, pues es obra tan pia la redempcion de los captivos christianos que estan en tierra de Moros, porque no renieguen nuestra sancta fe y vayan a las penas del infierno; siquiera ayudaldes con vuestra limosna y con cinco Pater nostres y cinco Ave marias para que salgan de cautiverio. Y aun tambien aprovechan para los padres y hermanos y deudos que teneys en el purgatorio, como lo vereys en esta sancta Bulla. »

Como el pueblo las vio ansi arrojar como cosa que se dava de balde y ser venida de la mano de Dios,

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tomavan a mas tomar, aun para los ninos de la cuna y para todos sus defunctos, contando desde los hijos hasta el menor criado que tenian, contandolos por los dedos.

Bimonos en tanta priessa que a mi aynas me acabaran de romper un pobre y viejo sayo que traya ; de manera que certifîco a V. M. que, en poco mas de un hora, no quedo huila en las alforjas, y fue necessario yr a la posada por mas.

Acabados de tomar todos, dixo mi amo desde el pulpito a su escrivano y al delconcejo que selevantassen, y, para que se supiesse quien eran los que avian de gozar de la sancta indulgencia y perdones de la sancta bulla y para que el diesse buena cuenta a quien le havia embiado, se escriviessen. Y assi luego todos de muy buena voluntad dezian las que avian tomado, contando por orden los hijos ecriados e defunctos. Hecho RU inventario, pidio a los alcaldes que por charidad, porque el ténia que hazer en otra parte, mandassen al escrivano Je diesse autoridad del inventario y memoria de las que alli quedavan, que, segun dezia el escrivano, eran mas de dos mil.

Hecho esto, el se despidio con mucha paz y amor, y ansi nos parlimos deste lugar. Y aun, antes que nos partiessemos, fue preg^untado el por el teniente cura del lugar y por los rregidores si la bulla aprovechava para las criaturas que estavan en el vientre de sus madrés. A lo quai respondio que, segun las letras que el avia estudiado, que no, que lo(s) fuessen a preguntar a los doctores mas antip^uos que el, e que esto era lo que sentia en este negocio.

E ansi nos partimos, yendo todos muy alegres del buen negocio. Dezia mi amo al alguazil y escrivano : « Que os paresce como a [.sic) estos villanos que con solo dezir : chrlstianos viejos somos, sin hazer obras de charidad se piensan salvar, sin poner nada de su

hazienda? Pues, por vida del licenciado Paschasio Gomez, que a su costa se saquen mas de diez cautivos ! »

Y ansi nos fuymos hasta otro lugar du aquel cabo de Toledo, hazia la Mancha, que se dize {sic)^ adonde topamos otros mas obstinados en tomar bullas.

Hechas mi amo y los demas que yvamos nuestras diligencias, en dos fîestas que alli estuvimos no se avian echado Ireynta bullas. Visto por mi amo la ^ran perdicion y la mucha costa que traya, (y) el ardideza que el solil de mi amo tuvo para hazer despender sus bullas fue que este dia dixo la missa major, y, despues de acabado el sermon y buelto al altar, tomo una cruz que traya de poco mas de un palmo y (en) un brasero de lumbre que encima del altar avia, el quai avian traydo para calentarse las manos, porque hazia gran frio. Pusole detras del missal, sin que nadie mirasse en ello, y, alli, sin dezir nada, puso la cruz encima la lumbre, y, ya que uvo acabada la missa y echada la bendicion, tomola con un panizuelo, vien embuelta la cruz en la mano derecha, y en la otra la Bulla, y ansi se baxo hasta la postrera «i^rada del altar, adonde hizo que besava la cruz e hizo senal que viniessen adorar la cruz. Y ansi vinieron los alcaldes los primerosy los mas ancianos del luj^ar, viniendo uno a uno, como se usa.

Y el primero que Hego, que era un alcalde viejo, aunque el le dio a besar la cruz bien delicadamente, se abraso los rostros e se quito presto afuera. Lo quai visto por mi amo, le dixo : « Passo, quedo, senor alcalde, milagro ! » Y ansi hizieron otros siete o ocho, y a todos les dezia : u Passo, senores, mila<^ro! »

Quando el vido que los rostriquemados bastavan para testigos del milagro, no la quiso dar mas a besar. Subiose al pie del altar, y de alli dezia cosas maravi- Uosas, diziendo que, por la poca charidad que avia en ellos, avia Dios permitido aquel milaj^ro, y que aquella

cruz avia de ser llevada a la sancta yglesia mayor de su obispado, que, por la poca charidad que en el pueblo avia, la cruz ardia.

Fue tanta la prissa que uvo en el tomar de la Bulla que no bastavan dos escrivanos ni los clerigos ni sacrislanes a escrivir. Creo de cierto que se tomaron mas de très mil bullas, como tengo dicho a V. M.

Despues, al partir, el fue con gran reverencia, como es razon, a tomar la sancta cruz, diziendo que la avia de hazer engastonar en oro. Como era razon, fue rogado mucho del concejoy clerigos del lugar les dexasse alli aquella sancta cruz por memoria del milagro alli acaescido. El en ninguna manera lo queria hazer, y, al lin, rogado de tantos, se la dexo. Con que le dieron otra cruz vieja que tenian antigua de plata, que podra pesar dos o très libras, segun dezian ; y ansi nos partimos alegres con el buen trueque y con aver negociado bien en todo*

No vio nadie lo susodicho sino yo, porque me subia par del altar para ver si avia quedado algo en las ampoUas para ponello en cobro, como otras vezes yo lo ténia de costumbre. Y como alli me vio, pusose el dedo en la boca, haziendome senal que callasse. Yo ansi lo hize, porque me cumplia, aunque, despues que vi el milagro, no cabia en mi por echallo fuera, sino que el temor de mi astuto amo no me lo dexava comunicar con nadie ni nunca de mi salio, porque me tomo juramento que no descubriesse el milagro, y ansi lo hize hasta agora. Y, aunque mochacho, cayome mucho en gracia e dixe entre mi : u Quantas destas deven de hazer estos burladores entre la innocente gente. »

Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de quatro meses, en los quales passe tambien hartas fatigas, aunque me dava bien de comer, a costa de los curas y otros clerigos, do yva a predicar.

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