‹ Etudes sur l'EspagneChapitre 134 sur 161 · DONA GERTRUDIS DE AVELLANEDA · texte numérisé non relu

DONA GERTRUDIS DE AVELLANEDA

et Tamour du monde, de la renommée et du bruit que cette femme toujours agitée laissait percer ailleurs assez ingénument. Gertrudis la Magna, — c'est ainsi que Fernân aime à la nommer — écrivant un jour à son amie, lui parle de sa vie retirée à Puerto Real, station balnéaire de la baie de Cadix : « Mi larga permanencia en este pueblo, aun despues de marcharse la mayoria de los banistas que le han prestado animacion, probarâ a V. que M"" de Latour, tan benévolo conmigo, se ha equivocado, sin embargo, al créer que necesito mucho ruido y éclat. Acaso sea dificil hallar persona que ame tanto como yo los campos, la soledad y el silen cio. Jamas, ni en mi juventud, he sido apasio nada por los grandes centros de movimiento, y a medida que envejezco me voy haciendo mas afecta a la vida retirada y pere^osa. Por la misma razon que prefiero Sevilla a Madrid — a pesar de tener viejos y buenos amigos en el ùltimo punto, — prefiero Puerto Real à Sevilla. » En envoyant cette lettre à Latour, Fernân pique sous le mot de Puerto Real la petite note suivante : « Cuando esta hecho un petit Versailles I » et ajoute en guise de commentaire : « Le he contestado que el âguila no puede vivir en una jaula como el jilguero, ni a la sombra la que mira al sol. » Et quand Latour a lu la let-

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Ire et lui en a dit son sentiment, Fernan y revient encore :

Por de contado que puede Y. quedarse con la carta de Gertrudis, y es excelenle la comparacîon de Yuste. Ëstaba muy en relirarse à un convento (no se si coma Ninon), me lo consulta y creo que lo que le hizo mas fuerza para desistir es la reflexion que le hice que una mugcr como ella no podia volver à salir. . .

Ailleurs, Fernan cherche à expliquer pourc|uoi, tout en se témoignant réciproquement beaucoup d'amitié, elles ne se comprennent, ne se pénètrent pas complètement. Trop de choses les séparaient, intellectuelles et morales. Gertrudis irisait parfois Thérésie, s'abandonnait à (les engouements dangereux, tombait du ciel jusqu'au bord de l'abîme : 6 locura, 6 santidad, comme on la dit de certaine grande dame de ce temps-ci. Et pour accuser encore la divergence, il y avait l'éducation un peu néghgée, u certains égards, chez la poétesse, des manques de tact et de mesure, des manières frisant la vulgarité ou le mauvais ton, point délicat, très sensible et sur lequel Fernan ne transigeait pas.

Estraiïara V. si le diga que somos muy amigas la de Avellaneda y yo, por ser, al parecer, nuestras sendas muy opuestas, asi como nuestros caractères. Esto probara que no es prcciso asemejarse para quererse. Es una mugcr buenisima, aunque yo quisiera que para su propia felicidad, su sangre corriese menos apresurada y su

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espiritu se elevase menos à esas regiones tan allas que^ aunque bellas y puras, tienen la contra que en ellas sepierden de vista las cosas terrenas y la senda que hemos de pisar para nuestro bien estar y conveniencia, asi sucede que no esta à son aise en la atmosfera que à ella y à todos nos rodea...

Ya sabia que George Sand habia vuelto a ser el espiritu

fuerte que era, escribiendo una novela contra el santa

sacramento de la penitencia. . . Dios quiera quie su egemplo

no influya en Gertrudis Avellaneda, pues G. Sand es su

J'étiche.

j Dichosa D* Gertrudis, tan bien dotada por Apolocoino por Marte ! De ella diria el gênerai Santa Maria como de la Gaviota : con una compafïia de taies granaderos tomo toda plaza fuerte. Tanto à ella como a la Goronado les hace falta una cosa que no se tiene si nose adquiere desde la cuna... educacion : por lo que, si les sobra el genio, les falta el comme il faut, el tacto y la cultura pràtica...

Et, pour finir, un joli mot de femme, de femme jalouse de Tami qu'elle a conquis, qui lui appartient et qu'elle se refuse à partager :

La bella Gertrudis estubo aqui anoclie, y me hablo mucho de nuestro amigo, asi Uama à V., y yo tengo ganas de decirle: admirador y apasionado de K., por amigo mio.

Très au-dessous de cet Olympe, végétaient quelques pauvres femmes de lettres, très estimables à coup sûr, mais par trop dépourvues de talent. Telle une bonne demoiselle d'origine italienne, Angela Grassi, qui remplissait de ses^

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